¿TODAVÍA NO TE RECOMPENSAS?

Te lo pregunto así, a bocajarro: ¿Cuántas veces te has recompensado este mes?

Yo confieso que lo hago muchas menos de las que debería. 

Y es que la recompensa es un mecanismo importantísimo para nuestro trabajo como emprendedoras.

Seguro que en tus trabajos por cuenta ajena te gustaba (o te habría gustado) tener una gratificación por el trabajo bien hecho, por un esfuerzo extra en una situación especial… Apuesto a que estás pensando que ni siquiera necesitabas algo fuera de lo común. Que con una palmadita en la espalda, un reconocimiento grupal o salir un poco antes algún día te habrías sentido muy bien.

Lo estás pensando, ¿verdad?

Bien, pues esto tiene una explicación, y es que los incentivos, que reconozcan la valía de nuestro tiempo y nuestro trabajo, nuestros esfuerzos y nuestros logros, activa sensaciones positivas que nos sirven de estímulo para seguir en la misma línea. Sí, es nuestro trabajo y es lo que debemos hacer, pero al fin y al cabo, como seres humanos, necesitamos el reconocimiento.

Pero, ¿crees que este reconocimiento sólo puede venir de fuera? Pues si estás pensando esto… sigue leyendo porque lo que tengo que contarte te va a interesar.

Conviértete en tu propia “recompensadora”

Sí, me acabo de inventar una palabra. Pero no te quedes en eso, el caso es que seas tú misma quien te recompense por tu trabajo. 

Te aseguro que esto es posible. ¿Nunca te has dado un capricho porque te sentías fenomenal? Pues de eso se trata: de que cada día te des un pequeño caprichito por cada uno de los logros que consigas llevar a cabo en tu trabajo. 

¿Pero no habíamos quedado en que ese era tu trabajo? 

Sí, y tenemos muy arraigado el valorarlo de menos. Precisamente por eso, porque es tu trabajo, porque te ha costado un esfuerzo de concentración, porque quizá no te apetecía hacer eso hoy, o es parte de una tarea mucho mayor… por eso es muy importante que actives las emociones positivas. Y voy a contarte por qué es útil que lo hagas y para qué sirve que tú misma te recompenses.

La utilidad de la recompensa.

Lejos de ser simplemente la excusa para “darte un homenaje” (esta es una maravillosa costumbre que solíamos tener mi madre y yo cuando vivíamos juntas), recompensarte por el trabajo realizado es útil porque es la forma de materializar lo que esperas conseguir de una tarea (o tareas) que, seguramente, no te resulta fácil o agradable desarrollar.

Incluso cuando tienes por delante tareas que te motivan (no todo iban a ser “sapos”), cumplir con la planificación diaria con nuestro ritmo de vida, siempre pendientes del email, las redes sociales… es toda una proeza. Así que sí, te puedes y te debes recompensar diariamente.

Ponte esa zanahoria por delante y no pares hasta zampártela.

¿Para qué sirve la recompensa?

Ya te lo decía al principio: estás activando un montón de emociones positivas. Recompensarte por el trabajo realizado te anima

Se generan endorfinas que contrarrestan las sensaciones desagradables que te provoca enfrentarte a las tareas que te resultan pesadas o complicadas.

Volviendo al ejemplo del caballo y la zanahoria, ¿sabes lo que consigue esa zanahoria?: mantiene al caballo enfocado en lo que tiene delante, en el camino. De la misma forma, la recompensa te mantiene enfocada en la consecución de tus objetivos.

Además, el placer que te genera disfrutar tu recompensa, predispone a tu cerebro a ser creativo, a afrontar nuevos retos y tareas. Y esto es muy positivo para tu emprendimiento. 

¿Cómo debe ser la recompensa?

Para que genere reacciones positivas en tu cerebro, no puedes acudir a cualquier recompensa sin control. Necesitas que las recompensas que planifiques cumplan dos premisas

  • Ser deseada: La recompensa que te prometas debe ser algo que te guste, que te haga soñar, planificar e ilusionarte.
  • Ser adecuada y proporcional a la tarea a la que la asocias. Si no, podría dar resultados no desaeados o no dar ninguno, como vamos a ver ahora.

¿Qué ocurre cuando la recompensa es muy pequeña o muy grande?

Pongamos por caso que has elegido una recompensa muy pequeña para una tarea que te ha supuesto un gran esfuerzo o una gran inversión de tiempo. El resultado sería que no te compensa el esfuerzo, así que las próximas veces posiblemente te encuentres desmotivada y no tengas ganas de acometer un esfuerzo semejante. Porque total, para lo que te vas a llevar… Darte recompensas muy pequeñas y no darte ninguna es prácticamente lo mismo.

¿Y al contrario? Cuando la recompensa que planificas es mucho mayor que el esfuerzo que has realizado, la próxima vez, por poco que aumentes la dificultad, necesitarás una recompensa aún mayor, y así sucesivamente, así que llegará un momento (no muy lejano) en que las recompensas a tu alcance no serán suficientes para satisfacer los esfuerzos pequeños y medios. 

Y por fin… ¿con qué me puedo recompensar?

A esta pregunta podrías encontrar millones de respuestas. Básicamente porque la mejor respuesta la tienes tú

Tienes que valorar qué esfuerzo te supone cada tarea, cada día, cada semana… y tener claras las cosas que te gustaría obtener “a cambio” (puedes tener, por ejemplo, un listado de posibles recompensas). 

Lo que para mí puede ser un pequeño esfuerzo para ti puede suponer sudar un poco de tinta. Y la recompensa que para mí es maravillosa, para ti puede ser calderilla. Cada uno tenemos diferentes deseos y diferentes medidas para el esfuerzo, así que lo mejor es que seas tú misma la que responda a esa pregunta.

Pero si quieres una orientación, puedo contarte lo que me gustaría a mí: 

Para tareas diarias (para mi planificación diaria personal) escogería una siesta, dedicarme 5 o 10 minutos más de descanso leyendo un libro que me encante, dedicarme una canción para bailar a solas, bloquear un rato para jugar a mi juego favorito o meditar un poco.

Para tareas algo más grandes (por ejemplo, si cumplo con mi planificación semanal), me gustaría una tarde de cine o ir a tomar algo con mis amigas o mi familia.

También podría comprarme ese vestido al que le tengo echado el ojo y que está en oferta tirado de precio, aunque quizá esto lo dejaría para objetivos más potentes, como cerrar una venta. 

Y así, según va creciendo la dificultad y el esfuerzo que tienes que realizar, puedes ir aumentando la recompensa en consecuencia hasta llegar a tus objetivos anuales.

Dependiendo de estos… ¿quizá podrías recompensarte con unas vacaciones especiales?

¿Qué te parece si me escribes y me cuentas cómo es tu sistema de recompensas?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¿Te ha gustado este post? Si es así, comparte, pero sobre todo, empieza a dar pasitos para recuperar tu libertad.

Te regalo los 30 minutos en los que haremos foco sobre las tareas que no tienes por qué hacer tú y planificaremos cómo puedo ayudarte. 

Regístrate ahora y reserva ya tu sesión de descubrimiento. ¿Hablamos?

[activecampaign form=7]
Share on facebook
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on twitter
Share on skype
Share on reddit
Share on email
Ir arriba